Esta mañana al despertar, abrí la ventana como siempre y me vino de la calle un tufo importante. Por un momento pensé que como tenía las bambas con las que saqué a los perros anoche en la repisa de la ventana (ya veis... hay quienes ponen tartas... ¬¬), pues ya sabéis... pipican, oscuridad, césped hasta las rodillas... pastel en la suela. Pero no. Venía realmente de la calle. El mundo ha sacado algo del congelador que ya lleva olvidado unos cuántos días en la encimera. Es una mezcla entre putrefacción y... y... no sé... así como a mierda.